Los petroglifos del Arabilejo

       A pocos kilómetros de Almansa se encuentra la vecina población de Yecla, a dónde hace unas semanas me acerqué para visitar los espectaculares petroglifos del Arabilejo. Estas manifestaciones prehistóricas se encuentran en el Cerro de los Moros o Arabilejo, en una colina acantilada separada del monte de El Arabí por el Barranco de los Cantos.

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       Los petroglifos son grabados sobre superficie rocosa y suelen estar situados sobre las paredes de las cuevas, abrigos rocosos o barrancones entre otros.  Nuestros ancestros los realizaban utilizando técnicas prehistóricas como el descascarillado o la percusión, substrayendo superficie de la roca con instrumentos más duros, sobre todo, punteros de piedra elaborados específicamente para este fin.

       En cuanto a su cronología, se pueden encuadrar dentro del Epipaleolítico, etapa anterior al Neolítico, donde estos pobladores cambiaron su economía cazadora y recolectora por una economía incipiente en la que producían sus propios alimentos debido a las influencias externas de otros pobladores.

       Estos grabados constituyen una de las manifestaciones mágico-religiosas más extendidas del mundo. De esta forma, en Europa se clasifican en tres grupos diferentes para realizar su estudio: el escandinavo, el alpino y el galaico-portugués. La singularidad de los restos epipaleoíticos del Monte Arabí radica en la lejanía peninsular con el galaico-portugués y su gran desconocimiento.

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       Los petroglifos del Arabilejo se extienden por una franja rocosa de superficie principalmente lisa, con una ligera pendiente hacia el sur. Sus medidas aproximadas son 335 metros de longitud y unos 25 metros de anchura media. Es a lo largo de esta franja donde se disponen las diferentes expresiones de insculturas. La parte central se encuentra alterada por la aparición de charcas de corrosión, llamadas calderones, capaces de almacenar agua de lluvia.

       La gran cantidad de dibujos que aparecen denota la importancia del yacimiento: aparecen una serie de grabados de diferente índole, como cazoletas de diversos tipos, tanto aisladas, de doble fondo, unidas por uno o dos canalillos como en grupos de cazoletas unidas entre sí por varios canalillos. Además aparecen “enclos”, que consisten en círculos (a veces de dos en dos) inciso su contorno o rebajado su interior, la mayoría abiertos con prolongación en línea mixta hacía afuera, formando una especie de calle. Otras manifestaciones son los rectángulos unidos y los podomorfos humanos. Se debe decir que estos grabados, en ocasiones, se aglomeran sin dejar espacios libres, aunque sin perder su propia característica. A simple vista se observa que son las cazoletas las manifestaciones o apariciones que más se suceden frente a los demás repertorios pétreos.

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       Pero, ¿cuál era la función de estas manifestaciones? Como hemos visto anteriormente, existe una preponderancia de figuras en forma de canalillos, con dirección en pendiente hacia las cazoletas, por lo que todo parece indicar que eran pequeños depósitos de agua de lluvia a modo de aljibes naturales donde la caza, el ganado e incluso el pastor se servían de ellos en momentos de necesidad. Otros autores, añaden que la simbología de las figuras corresponde a rituales mágicos-religiosos, haciendo referencia a los ciclos del sol, tal y como denotan sus formas circulares.

       Los petroglifos del Arabilejo son una manifestación cultural única en el sudeste peninsular, creados en un momento en el que el ser humano dependía de factores naturales para su supervivencia. Sus formas nos recuerdan a los pequeños pozos de antaño, en los que la lluvia era tan necesaria en una tierra tan seca como es la nuestra.

       Afortunadamente, han llegado hasta nuestros días en un perfecto estado de conservación, por lo que es una visita recomendada y que no dejará indiferente a nadie.

BIBLIOGRAFÍA:

MENÉNDEZ, M; JIMENO, A; FERNÁNDEZ, V.: “Diccionario de Prehistoria”. Alianza Editorial, Madrid.1997

MOLINA GARCÍA, J.: “Campo de petroglifos del Arabilejo en Yecla (Murcia”). Memorias de Arqueología.1990

 

Autor: José Ibáñez González

Fotografía: Javier García García

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