Una mirada atrás, la arquitectura perdida en Almansa

     Una gran pena se ciñe sobre mí cuando observo antiguas fotografías del legado histórico que nuestra ciudad perdió a lo largo de los últimos años. Edificios que narraban el paso del tiempo de Almansa y que fueron engullidos por la piqueta debido a un falso desarrollismo que amenazó el rico patrimonio cultural almanseño.

        Nuestra primera parada la situamos a finales del siglo XVIII. En 1778, el Rey Carlos III concedió a la villa de Almansa el título de ciudad. En honor a tal nombramiento, la corporación municipal decidió erigir un cuartel de caballería para el ejército real. El edificio tenía unas grandes dimensiones, unas cien varas de longitud por cincuenta de latitud según cuentan las crónicas. En él, se podían alojar a más de ciento ochenta soldados montados, y desmontados más de trescientos. Además, contaba con oficinas de guardia para los secretarios de los oficiales, amplías cocinas para el sustento de la tropa, e incluso una cárcel tanto para prisioneros de guerra como para los motines que se producían en las filas de los reclutas por las penosas condiciones que sufrían los soldados en el ejército.

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Boceto del antiguo Cuartel de Caballería.

     Sin embargo, con el paso del tiempo, la sociedad almanseña comenzó a cambiar. La incipiente industrialización que empezaba a florecer en nuestro país también llegó a la ciudad. De este modo, aparecieron una serie de talleres en Almansa, siendo el más importante el de la familia Coloma. Así, tras la expansión de su negocio, los tres hermanos Aniceto, Ernesto y Herminio decidieron comprar el cuartel en 1899 a Eduardo Soldevilla para convertirla en una de las fábricas de calzado más grandes de Europa. La familia Coloma pronto comenzó a modernizar el viejo cuartel de Caballería, introduciendo tecnología avanzada importada de Estados Unidos.

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Fábrica de calzado Hijos de Francisco Coloma.

       La posguerra asestó una dura puñalada tanto a la sociedad de calzados Coloma como a la vida del antiguo cuartel. Las dificultades de abastecimientos de materias primas, sumado al bajo consumo de la población y la ideología republicana de algunos de sus miembros provocó el cierre de la empresa en 1954.

    El edificio permaneció abandonado hasta que en la década de los setenta fue demolido. Aquel imponente cuartel, construido con el sudor del pueblo almanseño en honor del rey Carlos III, se fue para siempre. En su lugar, se edificó el “Parque de Mariana Pineda” (hoy de “los Coloma”) y una serie de bloques de viviendas tras el crecimiento demográfico de la población. Hoy en día, respecto a la función que hubiera tenido este inmueble son todo hipótesis, pero no tenemos la mínima duda que por su majestuosidad se hubiera convertido en un icono para la ciudad, representando el poderío industrial que ha supuesto el calzado para nuestra población.

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Imágenes del derribo de la fábrica Hijos de Coloma en 1973.

     El culpable de esta temprana industrialización no es otro que el ferrocarril. Almansa es hoy lo que es gracias a los caminos de hierro que ya desde mediados del siglo XIX conectaban nuestra localidad con Madrid, Valencia y Alicante. Antes de su llegada, la población almanseña se caracterizaba por ser una sociedad agrícola, donde la mayor parte de las tierras estaban dominadas por una pequeña clase terrateniente, siendo la mayoría trabajadores jornaleros con bajos recursos. Pero todo comenzó a cambiar gracias al deseo de conectar Madrid con Alicante desde la línea Madrid-Aranjuez.

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Estación de ferrocarril de Almansa con su gran escalera.

     A principios de julio de 1856, José de Salamanca, tras obtener la concesión de la línea Madrid-Zaragoza unida a la Madrid-Alicante por Almansa llevaría al nacimiento de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, o más conocida como la MZA. Esta empresa fue la que inauguró la estación de Almansa el 17 de noviembre de 1857 tras la apertura del tramo Albacete-Almansa. La antigua estación de Almansa, fue una de las pioneras, un edificio imponente, que jugaba en la primera división de las estaciones españolas. No debemos obviar, que los trabajadores ferroviarios de Almansa superaban con creces a los de Albacete o Alicante a mediados del siglo XIX. La estación constaba de una gran escalinata por la que se accedía a las zonas de explotación de la compañía MZA y de Norte, y una planta sótano de acceso por el patio de viajeros.

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Pasajeros esperando al tren en el andén de la estación.

En 1886, la estación sufrió un primer incendio que obligó a introducir mejoras en la estructura, pero la fatalidad se cebó con esta estación noventa años después, donde un fuerte incendio en 1976 acabó con esta centenaria estación. La modernización de la época junto al menor peso ferroviario de la ciudad provocó el derribo del inmueble y la construcción de la actual estación de Almansa.

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Estación de ferrocarril, en primer término el cambio de agujas.

      Sin embargo, no todo se perdió. Del antiguo complejo ferroviario del siglo XIX, se pudo salvar el edificio del Muelle. En julio de 2016 se inauguró como estación de autobuses y da servicio a la ciudad desde esa fecha. La antigua estación de ferrocarril contaría hoy con más de 150 años de existencia, siendo una de las más antiguas de nuestro país y seguramente reconocida como Bien de Interés Cultural como las estaciones de Canfranc o Almería. Su uso podría haber sido muy dispar debido a sus dimensiones y su ubicación en el barrio de San Roque, como centro cultural, museo del ferrocarril o quien sabe, la estación intermodal de Almansa.

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Estación de Autobuses. / Fuente: http://www.arqubo.com/

     Esta incipiente industrialización local provocó una serie de transformaciones como la aparición de una importante burguesía, que con sus activos económicos modernizó la ciudad con la construcción de bellas edificaciones modernistas de variado tipo como viviendas, hoteles, teatros y casinos entre otros.

     Un claro ejemplo era el Gran Hotel. Se encontraba entre la calle Mendizábal y la plaza de la popular fuente del León. Se inauguró un 15 de agosto de 1924 bajo el nombre de “Hotel Berwick”, en honor al James Fitz-James, I duque de Berwick, quien comandaba a las tropas franco-españolas en la Batalla de Almansa. El propietario y director fue Francisco Garcerán que también poseía el “Hotel Continental” de la vecina población de Cofrentes.

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Hotel Berwick desde la calle de Mendizábal. Junto a él la fuente del León.

    A pesar de la época, el hotel contaba con completas habitaciones exteriores, que disponían de agua potable y cuarto de baño. El número total de habitaciones eran de 38. Además, contaba con diferentes salones, un café restaurant y un servicio de carruajes a la estación. También disponía de calefacción central, instalada unos meses después de su inauguración de 1924. La empresa que lo llevó a cabo fue la misma que hacía poco tiempo la había instalado en el consistorio municipal.

    Debido a las características del hotel, en las que destacaba su céntrica ubicación y clase, disponía de otros servicios complementarios aparte del alojamiento. De este modo, tenía servicio de café y restaurante para banquetes y bailes. Como curiosidad, el profesor Máximo Parra era el encargado de amenizar las veladas con el piano junto al violinista Enrique Milán y un violonchelista.

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Hotel Berwick, en primer término vehículo que transportaba a los huéspedes a la estación.

     Tras algunas vicisitudes, a finales de marzo de 1926 el “Hotel Berwick” cerraba sus puertas y el 30 de mayo de 1929 se anunciaba su apertura bajo el nombre de “Gran Hotel” bajo la dirección de Manuel Díaz Ruano.

   Sin embargo, la suerte del hotel fue la misma que la de otros tantos edificios almanseños. Tras cuarenta años de huéspedes, banquetes y bailes fue derribado en 1964 perdiendo un maravilloso hotel modernista que hoy en día sería una delicia para la ciudad.

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Derribo del hotel Berwick. / Fuente: Hermanos Martínez, 1964

     La cultura, el ocio y el arte escénico tampoco pudo escapar del derribo. El Casino Artístico era una sociedad almanseña fundada en los primeros años del XX. Se encontraba en el centro de la población y contaba con tres pisos. Disponía de amplios salones para café, biblioteca, billar y bailes. En 1924 su número empezaba a ser numeroso. En el Casino se reunía lo más escogido de la ciudad siendo un lugar adecuado para sus distracciones y recreos. Estaba presidido por Don Antonio Navalón Díaz y como vicepresidente  Pedro. P. Martínez.

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Interior del Casino Artístico de Almansa con su bella escalera. Fotografía Anónima.

El Teatro Cervantes era un edificio situado en la calle Virgen de Belén, concretamente donde se ubica el actual conservatorio de música de Almansa. En él, se celebraban actos de diversa índole como representaciones teatrales, proyecciones de cine, fiestas o incluso, mítines políticos. Tal es así, que el jueves 26 de septiembre de 1935 se celebró en los salones del Cine Cervantes una velada artística musical para honrar y homenajear al líder salmantino Gil Robles del partido Acción Popular. En la velada, se descubrió el retrato al óleo pintado por Adolfo Sánchez. También recitaron poesías jóvenes almanseños junto a recitales de piano y cantes de varios trozos de obras de teatro.

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Teatro-Cine Cervantes, estaba situado en Virgen de Belén.

      La aparición del modernismo en Almansa data de finales del siglo XIX y principios del XX. En estos años, se producen cambios que van a afectar a la imagen urbana de la población. Si antes, las viviendas eran muy parecidas entre sí y sin ningún rasgo característico que las diferencie unas de otras, ahora comenzarán a constituirse casas de singular belleza y en unas zonas concretas de la ciudad. Era una forma de manifestar la riqueza o el poder de las familias y, se concentrarán principalmente, en las calles Aniceto Coloma, Virgen de Belén y San Francisco. Estas calles responden a la cercanía con los centros de poder de la población: el Ayuntamiento y la Iglesia de la Asunción. Eran casas que pertenecían a la “alta burguesía” local como por ejemplo las casas de los Coloma, los Ochando o los Gascón.

     La casa de Amelia Coloma fue otra damnificada por el proceso del desarrollismo en Almansa. El inmueble se encontraba en la actual calle Lavadero, en el lugar que actualmente ocupa una sucursal bancaria. En ella se situaba la clínica del médico J. Ruano, pareja de Amelia. Se trataba de una bonita casa modernista de planta baja y dos alturas. Destacaba su enrejado y sus bonitas galerías balconadas hacia el exterior. En la parte superior disponía de unos antepechos ornamentales que se utilizaban para ocultar la cubierta. Antes de ser demolida fue oficina de Correos. Seguramente fue la mayor pérdida modernista de Almansa hasta la fecha.

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Casa de Amelia Coloma con trabajadoras de la clínica.

     Estas viviendas destacan porque tienen un sistema diferente a las tradicionales. En algunas de ellas, se utilizan los bajos como locales comerciales, ya que comienza a existir una pequeña terciarización en el centro de la población. Además, disponían de dependencias nobles y otras para las criadas. Solían tener planta baja para el uso de locales o para guardar los animales y carros en la que se utilizaba una diferenciación de accesos. Una planta primera donde solían residir los propietarios y una segunda planta con variadas funciones.

   Esta nueva imagen rompe con la tradicional construcción de casas ligadas a la agricultura y a la ganadería. De este modo, en algunas calles la fisionomía de la población comienza a tener un carácter más urbano frente a la concepción rural dominante.

     Un claro ejemplo de este tipo de vivienda será la casa de los Ochando. Se encontraba en la calle Aniceto Coloma y, lo más característico de esta residencia, es que su derribo fue tan solo hace seis años, concretamente en julio de 2013. Si bien, su reconstrucción deberá tener la misma fisionomía, hoy en día sigue sin construirse.

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Derribo de la casa de los Ochando en julio de 2013

      Sin lugar a dudas, esta es una muestra de los edificios perdidos más notorios del patrimonio almanseño. Sin embargo, hay muchos otros como el Antiguo Hospital de San Juan, la Puerta de Valencia o la Iglesia de San Roque que también han desaparecido. En la actualidad, ninguno de estos edificios está presente en nuestras calles, la ferocidad con la que se construyó en los años 60, 70 y 80 ayudó a esquilmar este rico patrimonio que ha desaparecido para siempre. Su recuerdo permanece en viejas fotografías y en la memoria de nuestros mayores. Tenemos que ser capaces de aprender de los errores, ya que el legado que nos dejaron nuestros antepasados son patrimonio que debemos preservar, conservar y divulgar, son parte de nuestra historia, y si la olvidamos, una parte de nosotros se perderá con ella.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

ABC: https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/abci-almansa-inaugura-estacion-autobuses-201607221452_noticia.html

DEPASEO:  https://www.depaseo.es/espacio/estacion-de-ferrocarril-almansa/

García Sáez, Joaquín Francisco: Almansa, un lugar en diferentes momentos y diferentes formas de vida. Albacete. 2012.

Gómez Cortés Jesús.; Almansa, “Notas históricas sobre su pasado”.

Gómez Cortés, Jesús.: “La fábrica de los Coloma”.

 

Agradecimientos:

José Javier Banovio García

Fotografía de portada:

“Bombardino” frente a una excavadora en el derribo de la estación del ferrocarril de Almansa. Autor: Antonio Esteban Arocas “El maño”.

Imágenes para el recuerdo

La situación de España tras la II Guerra Mundial no era nada halagüeña. Su papel como “no-beligerante” en el conflicto y, el vinculo voluntario del Régimen de Franco con Alemania e Italia durante la guerra, hacía prever una gran presión internacional para poner fin al gobierno del General Franco. El debate de la “cuestión española” llegó a las Naciones Unidas. La organización, tras una condena moral, dictaminó por medio de la Resolución de 12 de diciembre de 1946, el veto al ingreso de España en los organismos internacionales de Naciones Unidas e invitaba a los países miembros a retirar a sus embajadores y ministros plenipotenciarios de España y, finalmente, se trasladaba a la siguiente sesión de la Asamblea General una nueva evaluación, que de no realizarse cambios, llevaría a sanciones económicas.

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Panorámica de Almansa. / Imagen cedida por Jim Kashishian

La situación cambió con el inicio de la Guerra Fría. El interés de los militares estadounidenses por el valor estratégico de la península ibérica en el marco de la Guerra Fría permitía una posible integración en el marco de defensa occidental frente al bloque soviético, sin la necesidad de cambiar el régimen político español. El estallido de la Guerra de Corea aceleró el interés norteamericano por la posición estratégica de España por lo que las negociaciones entre los dos países estaban cerca de cerrarse.

El 23 de septiembre de 1953, se firmó el Convenio hispano-norteamericano que constaba de tres partes diferenciadas: ayuda para la mutua defensa, ayuda económica y técnica y, por último, un convenio defensivo. En este convenio España cedía una serie de bases a los Estados Unidos. Estas fueron Zaragoza, Morón de la Frontera, Rota y Torrejón de Ardoz.

Hace poco más de un mes encontré por casualidad en una conocida red social de internet una fotografía antigua en color de Almansa. La imagen me llamó la atención pues no la había visto nunca. El pie de foto decía: Almansa, Spain (1967). Part of my Dad´s old collection.

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Plaza de Santa María. / Imagen cedida por Jim Kashishian

Fantastic depth and colours. Exacly why Kodak Ektachrome is being re-released by Kodak. La curiosidad hizo que, sin pensármelo dos veces, me pusiera en contacto con el usuario. Al día siguiente recibí un correo electrónico en el cual me explicaban que las fotografías eran de la colección de su padre de su viaje en España durante 1966-1969. La sorpresa fue que guardaba otras fotografías inéditas de Almansa y que estaría encantado en facilitármelas.

Jim Kashishian llegó a mediados de los años sesenta a España tras cinco años de servicio militar en California. Su destino fue la banda de música de la base aérea norteamericana de Torrejón de Ardoz en Madrid. Dicha banda era solicitada por los ayuntamientos de poblaciones españolas para amenizar sus fiestas de forma gratuita, excepto el desplazamiento de la banda desde Madrid a su lugar de destino. De este modo, tocaban en pasacalles, conciertos en los parques, en las corridas de toros y, como no podía ser menos, en las verbenas nocturnas que amenizaban los bailes. Uno de estos viajes fue lo que llevó a Jim a nuestra población que, cargado de su instrumento musical y su Kodak Ektachrome, nos ha permitido recuperar una parte de la memoria de nuestra ciudad.

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Pasacalles en la Calle San Francisco. / Imagen cedida por Jim Kashishian

Las imágenes presentan una serie de fotografías relacionadas con las fiestas de Almansa en la que se muestra un pasacalles por la actual calle San Francisco, bailes populares en el antiguo campo de la Glorieta y, finalmente, una imagen de un par de gigantes y cabezudos en la plaza de Santa María. La serie también se compone de otras tres fotografías en las que el castillo es el protagonista. Estas imágenes nos ayudan a comprender los cambios que se produjeron en la población en los últimos cincuenta años. La expansión urbanística en la zona de “la Olla” o en el sector comprendido entre el Paseo de las Huertas y la circunvalación Adolfo Suárez. Una época conocida como el “desarrollismo español” caracterizada por un fuerte incremento del PIB y que comprendía desde los años 60 hasta mediados de los años 70 y que finalizó con la crisis de 1973. La última fotografía de la serie es una imagen grupal, en la que aparece en el centro un músico perteneciente a la banda de música norteamericana rodeado por un grupo de jóvenes almanseños.

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Bailes populares en el antiguo campo de La Glorieta. / Imagen cedida por Jim Kashishian

Desde hace unos años atrás, la fotografía se utiliza como un documento histórico capaz de transmitir valores testimoniales y documentales. El historiador ya no utiliza solamente los escritos sino que la ciencia histórica se ha diversificado para estudiar todas las huellas del pasado que nos han llegado hasta nuestros días. Es innegable el valor histórico que tienen estas fotografías para el estudio contemporáneo de la población. Un testimonio visual de más de cincuenta años que podrá ayudar a los historiadores del futuro a entender nuestra sociedad contemporánea. No me cabe duda que estas fotografías ayudarán a enriquecer el archivo histórico de Almansa y a futuras generaciones de historiadores y almanseños en particular.

Mi mayor agradecimiento a Jim y a su hijo Neil Kashishian por la cesión de las fotografías y por el trato recibido. ¡Que sigas igual de bien junto a la Canal Street Jazz Band de Madrid!

Bibliografía:

MARÍN ARCE, J.M., MOLINERO, C. e YSAS, P.: Historia política de España. 1939-2000, Madrid, Istmo. 2001.

PARDO, R.: Las relaciones como factor condicionante del Franquismo. En Ayer nº 33 (1999), págs. 187-218.

El Cuartel de Caballería de Almansa

      En 1778, el Rey Carlos III concedió a la villa de Almansa el título de ciudad. En honor a tal nombramiento, la corporación municipal decidió erigir un cuartel de caballería para el ejército real. El edificio tenía unas grandes dimensiones, unas cien varas de longitud por cincuenta de latitud según cuentan las crónicas. En él, se podían alojar a más de ciento ochenta soldados montados, y desmontados más de trescientos. Además, contaba con oficinas de guardia para los secretarios de los oficiales, amplías cocinas para el sustento de la tropa, e incluso una cárcel tanto para prisioneros de guerra como para los motines que se producían en las filas de los reclutas por las penosas condiciones que sufrían los soldados en el ejército.

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      El gasto de la obra corrió a cargo de los vecinos del pueblo, desde el más infeliz hasta el hacendado más repuesto sin excepción de clases o personas según su posibilidad económica. Los más paupérrimos con su mano de obra en los días desocupados y en los festivos, y los segundos con sus carruajes y caballerías, sumados a los fortuitos donativos para aquellos que más lo necesitaban.

      Tras ocho largos años de construcción, donde el pueblo había pasado unos años de malas cosechas y epidemias, apareció una publicación de los Reales Decretos de Reforma de la Caballería y Repartimiento de Tropas en las Provincias en la que expresaba la dificultad de ocupar este cuartel de Caballería por parte de las tropas reales. La noticia cayó como un jarro de agua fría en la estrenada ciudad de Almansa, ya que el entusiasmo del pueblo se vio mermado por tal decisión.

      Tras conocerse la noticia, el ayuntamiento envió una misiva al Rey suplicando a S.M que se dignara a admitir la fábrica como una demostración de la fidelidad del Rey por la ciudad almanseña. No debemos olvidar, que su padre Felipe V fue vencedor en estas tierras en 1707, teniendo una especial atención ya que gracias a esta victoria el camino hacia el levante peninsular fue más sencillo para lograr el trono de España.

    facoloma  De esta manera, se le suplicó que la aceptara como Casa de Postas, Mesón o Fonda, pues servía para todo ello. De hecho, contaba con una excelente comunicación, junto al Camino Real de Valencia a la Corte y tal vez en el de Alicante, ya que la podría utilizar como hospedaje real.

      Tras tres meses de espera, una carta firmada por el Conde de Floridablanca hacía saber al ayuntamiento que el Rey había aceptado benignamente la oferta del edificio del cuartel, de cuya fábrica haría un uso público, según las providencias de Su Majestad.

      En los años sucesivos, la vida del cuartel tuvo una usanza de posada, repercutiendo en un beneficio económico para el pueblo. Pero en ocasiones se utilizó para la función que fue construido, es decir, como cuartel para tropas transeúntes del monarca.

      En 1857, el ayuntamiento arriendó a Don Sebastián de Cuenca Huerta el uso del cuartel como posada. La buena situación por carretera entre Madrid y Valencia, sumado al auge ferroviario que comenzaba a surgir en la ciudad, hicieron que la posada revalorizara su arrendamiento. Así, el precio del pago fue de 28.181 reales y 75 céntimos por una duración de tres años.

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      La sociedad almanseña comenzó a cambiar, la industrialización llegó a la ciudad debido al ferrocarril y al numeroso contingente de artesanos del calzado. Esta industria posibilitó la aparición de talleres en Almansa, siendo el más importante el de la familia Coloma. Así, tras la expansión de su negocio, los tres hermanos Aniceto, Ernesto y Herminio decidieron comprar el cuartel en 1899 a Eduardo Soldevilla para convertirla en una de las fábricas de calzado más grandes de Europa. La familia Coloma pronto comenzó a modernizar el viejo cuartel de Caballería, introduciendo tecnología muy avanzada importada de Estados Unidos. La fábrica experimentó un gran crecimiento debido a la neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial, copando los mercados europeos de la época. De igual modo, la empresa se benefició de la Guerra Civil Española fabricando las botas para el ejército de la República.

      La posguerra asestó una dura puñalada tanto a la sociedad de calzados Coloma como a la vida del antiguo cuartel. Las dificultades de abastecimientos de materias primas, sumado al bajo consumo de la población y la ideología republicana de algunos de sus miembros provocó el cierre de la empresa en 1954.

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      El edificio permaneció abandonado hasta que en la década de los setenta fue demolido. Aquel imponente cuartel, construido con el sudor del pueblo almanseño en honor del rey Carlos III se fue para siempre. Hoy en día, respecto a la función que hubiera tenido son todo hipótesis, pero no tenemos la mínima duda que por su majestuosidad se hubiera convertido en un icono para la ciudad, representando el poderío industrial que ha supuesto el calzado para nuestra población.

 

Bibliografía:

Gomez Cortés Jesus.; Almansa, “Notas históricas sobre su pasado”.

Gomez Cortés, Jesus.: “La fábrica de los Coloma”.

López Megías, Fernando. R.: “La Guerra de Sucesión” 2004

El Cantonalismo en Almansa

El siglo XIX español es una larga pugna entre los que querían mantener la tradición y los que lo querían modernizar. Los primeros eran los absolutistas y a los segundos se les llamó liberales. El Rey Fernando VII fue un Monarca Absoluto, pero su viuda Mª Cristina y su hija Isabel II se apoyaron en los liberales para hacer frente a los Carlistas, estos eran los que defendieron las ideas absolutistas tras la muerte de Fernando VII.

Mas adelante los liberales se escindieron en progresistas (reformas rápidas) y los moderados (reformas mas lentas), estos últimos estaban apoyados por la Reina, para indignación de los progresistas. Esto unido a diversos escándalos, corrupción y mal gobierno ocasionó un desprestigio de la monarquía, y en 1868 una conjunción de partidos progresistas, dirigidos por los Generales Serrano y Prim dieron un golpe de Estado contra el régimen. Fue una revolución hecha por la baja burguesía contra la alta burguesía.

Esto abrió un periodo llamado “sexenio democrático” (1868-1874), que va desde la caída de Isabel II, pasando por la monarquía de Amadeo I y la I Republica.

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El 11 de Febrero de proclamó la I República, pero nació con unas Cortes en las que no había una mayoría de republicanos. Las ideas republicanas tenían escaso apoyo social y contaban con la oposición de los grupos sociales e instituciones más poderosos del país. La alta burguesía y los terratenientes, los altos mandos del ejército, la jerarquía eclesiástica eran contrarios al nuevo régimen. Los escasos republicanos pertenecían a las clases medias urbanas, mientras las clases trabajadores optaron por dar su apoyo al incipiente movimiento obrero anarquista.  La debilidad del régimen republicano provocó una enorme inestabilidad política. Cuatro presidentes de la República se sucedieron en el breve lapso de un año: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.

Esta inestabilidad hizo que una minoría intransigente republicana se retirara de las Cortes, alentando desde ese mismo instante la formación de cantones en su deseo de llevar a cabo una república federal de abajo a arriba, ante la imposibilidad de hacerlo a la inversa, tarea que vieron facilitada o potenciada por la situación crítica que atravesaban las clases trabajadoras ante la bajada de los salarios y la subida de los precios, que había creado un clima de protesta y revuelta popular constante en distintos lugares.

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La primera insurrección cantonal estalló en Cartagena en 12 de julio de 1873, propagándose en los días sucesivos por localidades del levante y sur peninsular. En nuestra ciudad apareció el 19 de julio, motivada por el Batallón de Cazadores de Mendigorría. Estos militares iban por las poblaciones provocando sublevaciones contra la República. De esta manera, en Almansa, se producen altercados, agresiones armadas, detenciones de oficiales y tropas leales a la República, roturas de la vía férrea, roturas e interceptación de las líneas telegráficas. El Gobernador Civil de Albacete, D. Pedro J. Miguel, en el Boletín Oficial de la Provincia comunica a toda la provincia que la ciudad de Almansa se encuentra sublevada. Unos días después, el 5 de agosto de 1873, el Gobernador de la provincia manda un comunicado al alcalde almanseño Francisco Coloma, conocido por ser el fundador de la empresa calzados Coloma, en la que cesa a toda la Corporación municipal, ya que ésta era sabedora con anticipación de la sublevación del Batallón de Cazadores de Mendigorría que se hallaba en Almansa, y no dio cuenta oficial ni oficiosa hasta después de consumado el hecho; que un Teniente de Alcalde y dos concejales se marcharon con los sublevados, que a varios oficiales y soldados que no quisieron pronunciarse se les hostilizó y persiguió con un nutrido fuego por los voluntarios de la ciudad.

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Es decir, el Gobierno consideraba que las autoridades locales de Almansa habían participado o al menos tolerado los disturbios. La contestación de la Corporación almanseña no se hizo esperar, y escribió una réplica al Gobernador diciendo: que el Ayuntamiento no tuvo noticia hasta que el hecho se consumó, ignora que ningún concejal se marchara con los sublevados, porque antes de acordar la supresión no se ha oído a la parte acusada, y por último porque es incierto que los oficiales e individuos que no quisieran pronunciarse fueran perseguidos por los voluntarios con el nutrido fuego.

Esta réplica no sirvió de nada, por lo que el alcalde y los concejales fueron destituidos de su cargo, además de otros puestos como los secretarios, el depositario de los fondos municipales, cargos del hospital, etc.

El Cantón Almanseño desapareció a los dos o tres días de su estallido, fracasando por el poco apoyo popular que tuvo. El General Martínez Campos fue el encargado de pacificar las localidades que se habían unido al movimiento cantonal. Cuando entró en la ciudad de Almansa el día 11 de agosto nadie le opuso resistencia, es más, la nueva corporación ofreció respetos al excelentísimo General. Tras Almansa, marchó hacia Valencia y Cartagena para sofocar el Cantón Cartagenero. La I República terminó con el golpe de Estado de Pavía el 3 de enero de 1874, disolviendo las Cortes a punta de bayoneta e instaurando el reinando de Alfonso XII.

 

Bibliografía:

A.H.M.A. Archivo Histórico Municipal de Almansa.

BAHAMONDE, A.: Historia de España Siglo XIX, Madrid, Cátedra, 1994.

VILAVERT GUILLÉN, F. PIQUERAS, R. Almansa.: Imágenes de un pasado (1870-1936). Almansa, Institutos de Estudios Albacetenses, 1985.

 

Autor: José Ibáñez González

La Fragata Almansa

     El 25 de Abril de 1707 ocurrió en tierras almanseñas un hecho de sobra conocido, me refiero, como no podía ser otro hecho, a la Batalla de Almansa. Este enfrentamiento tuvo repercusiones muy importantes para la historia de España, que no entraré a detallar ya que no es el momento de ello. Si bien, tuvo una serie de evocaciones menos conocidas como, por ejemplo, el artículo de hoy, la fragata Almansa.

La Fragata Almansa
La Fragata Almansa

      La Fragata de hélice Almansa, llamada así en honor a la Batalla de Almansa, fue un buque de guerra con casco de madera y propulsión a vapor. Se construyó en los Reales Astilleros de Esteiro, Ferrol, en 1864, con una eslora de 85 metros, un peso de 3900 toneladas y una potencia de 600 caballos que lo propulsaba a una velocidad de 12 nudos. Tenía un armamento poderoso: 30 cañones lisos de 200 mm, 14 cañones rayados de 160 mm, dos obuses de 150 mm, dos cañones de 120 mm y dos cañones de 80 mm para desembarcos. Asimismo, contaba con una tripulación que rondaba los 600 hombres.

     El buque participó en destacados hechos históricos. A los dos años de su botadura, el 2 de mayo de 1866, entró en combate en la famosa Batalla del Callao, al mando de Victoriano Sánchez Barcáiztegui. En ella recibió 72 proyectiles, uno de ellos explotó en la batería de la nave, donde se alojaba la pólvora, lo que provocó la muerte de 13 tripulantes. El Comandante Victoriano Sánchez, tras recibir varios avisos de la tripulación para anegar el pañol, contestó con la famosa frase que, posteriormente, pasó a la historia: “Hoy no es día de mojar la pólvora”. Tras lo cual, mientras el buque seguía disparando sus cañones, Victoriano mandó izar la señal de “fuego a bordo” y alejarse de la cercana nave Numancia, para evitar que le afectara la posible explosión de su barco. Se alejó de la línea de fuego y, a continuación, ordenó a toda la dotación que trabajase en extinguir el incendio sin mojar la pólvora. Tras conseguir su objetivo, el buque volvió a su posición original, reanudando el cañoneo sobre el fuerte Santa Rosa, la flota peruana y la población. Después de la batalla, el navío se reparó en la isla San Lorenzo junto a otras fragatas, como la Villa de Madrid, Resolución y la Blanca, regresando a la península a finales de 1868.

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Cubierta de la Almansa

     Otro hecho destacado en la historia de la fragata Almansa fue el motín en los prolegómenos del Cantón Cartagenero el 27 de mayo de 1873. Tras el alzamiento de la I  República, los republicanos intransigentes motivados por instaurar un federalismo desde las clases populares, avivados por una crisis social y política promulgaron el movimiento cantonalista.

     La fragata Almansa fue una de las primeras en cambiar la bandera republicana por la roja cantonal. El buque se conocía por tener una tradición indisciplinada ya que el frecuente malestar de la tripulación por la falta de pagos, las condiciones del navío y los castigos violentos que se imponían era de sobra sabido. El 27 de mayo se produjeron dos motines en el buque. El primero se controló gracias al oficial de guardia Joaquín Fuster. A pesar de esto, una hora más tarde se reprodujo una nueva alteración con mayor virulencia debido a que la tripulación se armó con fusiles, hachas, cuchillos y sables, dando gritos desaforados de: “a ellos, traición, nos han vendido, abajo los galones y las estrellas, viva la República Federal”. Ante el tumulto, los oficiales subieron a cubierta y se apoyaron en las tropas leales del Almansa. Las razones para la insubordinación se debían a la desconfianza de sus superiores, pero el oficial Fuster, después de varios forcejeos, pudo controlar la situación tras tomar la palabra y declarar vítores a la República. Al día siguiente, el Capitán General dio parte al Ministro de los sucesos ocurridos y, motivados por la indisciplina y la alta tensión de la tripulación de la fragata, los oficiales, uno por uno, dimitieron de sus cargos alegando enfermedad, quedando a su suerte los meses posteriores.

Revplución Cantonal de Cartagena
Revolución Cantonal de Cartagena

      En el mes de mayo de 1873, después del movimiento cantonal en el ayuntamiento de Cartagena, la fragata Almansa se unió a los cantonalistas. Marcharon hacia Almería para intentar la adhesión a la causa cantonalista, pero ante la negativa de la ciudad andaluza, la Almansa junto a la Vitoria bombardeó la ciudad a finales de julio. Tras esto, marcharon hacia Málaga siendo apresada por las fragatas acorazadas HMS Swiftsure y SMS Friedrich Carl, inglesa y alemana respectivamente, para ser devueltas tras varias negociaciones al gobierno republicano.

     Entre los años 1880 y 1886, los destinos de la Almansa pasaron por diferentes vaivenes. A primeros de 1881 se integró en la escuadra de instrucción, escoltado a los reyes en su visita a las rías gallegas a bordo de la fragata acoraza Sagunto. Meses después, participó en el acto de la puesta de quilla del crucero Reina Cristina en la ciudad de Ferrol. En 1885 se integró en la misma escuadra de instrucción en la que se encontraba la Gerona, su buque gemelo, con la que estuvo a punto de partir hacia las Carolinas.
En 1886, pasó también a ser buque escuela, primero de guardiamarinas y después de marinería.

     A finales del siglo XIX, la fragata era un viejo navío con más de treinta años a sus espaldas. Su capacidad operativa era escasa, apenas se mantenía a flote, por lo que su uso se redujo al simple pontón.  Así, en 1894, la Almansa pasó a ser depósito de marinería en Ferrol durante cinco años, dándose de baja en la Armada pasado este tiempo.

     La fragata Almansa fue un buque longevo, utilizándose para infinidad de tareas en nuestra Armada, cerrando una época conocida como la de “las fragatas de hélice”, con aparejo de vela y casco de madera. Desapareció a mediados del siglo XX como la mayoría de su tipo y época, ya que fueron sustituidas por los nuevos barcos, más potentes, con más autonomía y cascos metálicos más resistentes ante los modernos sistemas de artillería.

Mayor proel "Almansa".
Mayor proel “Almansa”.

Ya no se volvieron a construir más barcos como el Almansa, pero su legado sigue vivo, ya que el segundo mástil (mayor proel) del actual buque escuela de la Armada Española, el  Juan Sebastián Elcano, lleva en su honor el nombre de Almansa.

Bibliografía:

EGEA BRUNO, P.M.: Los prolegómenos del Cantón en Cartagena: el motín de la fragata “Almansa”. Anales de historia contemporánea. Volumen 10, 1994.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, M.: 50 Barcos españoles. Ed. Fundación Alvargonzález, 2009.

La Colonia Santa Eulalia, una parada obligada.

En alguno de nuestros viajes hacia Alicante, a más de uno nos habrá llamado la atención una gran casona abandonada pegada a la autovía A-31, entre las localidades de Sax y Villena. Esta casona, conocida como la Casa de los Giles, guarda una pequeña historia.

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Casa de los Giles

La mansión la mandó construir el matrimonio formado por José Gil Blanco y Francisca López Bravo-Alonso en el año 1903. Hasta los años treinta, la familia pasó en ella  largas temporadas junto a varios de sus descendientes hasta que el estallido de la Guerra Civil la obligó a convertirse en un hospital para enfermos infecciosos.

La casona estaba construida con planta cuadrada, elevándose tres alturas desde el nivel del suelo, con cubierta mansarda, debido a la influencia parisina, sostenida por pino americano, así como un abuhardillamiento en la segunda altura, dándole un aspecto burgués  poco conocido en la arquitectura popular de la zona.

La mansión se encontraba en la cabecera de una gran finca formada por más de 100 hectáreas de olivares y viñedos. A mediados del siglo XX la extensa heredad entra en decadencia, provocando el progresivo abandono de la Casa de los Giles, hasta encontrarse en el estado ruinoso de la época actual.

Una mañana de camino hacia Alicante, vi como la Casa de los Giles se encontraba en obras y lista para ser restaurada. La suerte de esta antigua casona viene unida a la construcción de una nueva estación de servicio en la autovía, condicionada a la rehabilitación de la mansión por parte de la empresa adjudicataria.

Sin embargo, la Casa de los Giles es tan solo la punta del iceberg de lo que nos espera en esta visita, ya que adentrándonos unos metros nos encontramos con la impresionante Colonia de Santa Eulalia, una joya del modernismo donde se pueden observar edificios de singular belleza.

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Vista general de la Colonia

La Colonia Santa Eulalia es una pedanía compartida entre Villena y Sax.  Los primeros datos que sitúan a la colonia en este lugar se remontan a la Reconquista cristiana, ya que en sus campos se libró la batalla entre las tropas de Berenguer de Entenza y las Ordas sarracenas. Tras la victoria cristiana, se alzó en su honor una ermita.

La colonia como la conocemos hoy en día data de finales del siglo XIX, promovida por Antonio de Padua y Saavedra,  Conde de Alcudia y Gestalgar, construida bajo amparo de  la “Ley de colonias” de 3 de 1868, que buscaba  corregir los desequilibrios territoriales, demográficos y económicos, fomentando la explotación y recuperación de las zonas más empobrecidas.  El Conde,  influenciado por el socialismo utópico, se asoció a Mariano Roncali para fundar una colonia de corte industrial según el modelo de otras existentes en Cataluña.

El 1 de julio de 1887, fue declarada Colonia Agrícola de Primera Clase, constituyéndose de esta forma, sociedades agrícolas e industriales, en donde se cultivaba y recolectaba para después transformar la cosecha en diversos productos, como por ejemplo vino. El éxito de esta colonia, radica en su excelente situación geográfica que ayudaba a dar salida comercial a los productos, tanto por la proximidad de la carretera como por la línea de ferrocarril Madrid-Almansa-Alicante.

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Fábrica de Alcoholes “La Unión”

La finca contaba con una extensión de 138 hectáreas, plantadas de vides, olivos, almendros y arroz. El cultivo de la viña fue muy prospero, sobre todo después de la destrucción de los viñedos franceses por la filoxera, convirtiéndose en una gran apuesta por la sociedad agrícola de la colonia.

La idea del Conde fue fundar una ciudad exnovo donde se conjurara el trabajo y el ocio. Se construyeron muros para el sostén de las tierras, nuevos caminos y carreteras, calles y plazas donde se edificaron las casas de los obreros. Además, se levantaron fábricas de harinas y alcohol, bodegas, carpinterías, tonelerías, lagares y almazaras, administración de correos y telégrafos, tiendas y hospederías. De esta ciudad exnovo cabe destacar el carácter autosuficiente de su planificación.

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Mansión del Conde

Pero esto no es todo, asimismo, se edificó una mansión señorial, un teatro, donde actuaron los divos más importantes de la zarzuela de la época, un cine, una ermita, amplias zonas verdes con fuentes y un jardín con grupos escultóricos donde se hallaba un estanque con cierto toque romántico, junto a un imponente palacio con doce habitaciones, salón, despacho y biblioteca.

La Colonia había sido fundada por una aristocracia terrateniente, próxima a la burguesía liberal, aglutinando elementos de apego a la posesión y explotación de la tierra como símbolo de un estatus social elevado, así como con una concepción del trabajo en el campo y la industria como elementos reformadores, rentables y educadores para la formación de los obreros de la colonia. Santa Eulalia fue un gran polo de atracción económica para toda la comarca del medio Vinalopó e incluso para nuestra ciudad, ya que aún recuerdo cuando mi abuelo me contaba que su padre viajaba en su carro desde Almansa hasta la colonia para traer productos elaborados.

Desgraciadamente, la colonia entró en un periodo de crisis hacia 1925, agravada con la Guerra Civil, provocando el cierre de las fábricas y obligando a sus vecinos a emigrar a otras poblaciones.

El estado actual de muchos de los edificios es ruinoso e incluso algunos han desaparecido, como por ejemplo, la antigua estación de ferrocarril. Es una lástima que se pierda una gran joya del Modernismo decimonónico, por lo que si no actuamos rápido y se crea un consorcio de recuperación terminará por desaparecer una de las pocas colonias agrícolas que quedan en todo el país.

Un pequeño rayo de esperanza surge gracias a las últimas noticias sobre el Patronato Cultural Valenciano que busca su adscripción como Bien de Interés Cultural, en el que gozará de protección legal para su pronta rehabilitación, sumándose de esta forma a la nueva vida de la Casa de los Giles.

Bibliografía:

Vázquez Hernández, V.: “La Colonia de Santa Eulalia, una joya arquitectónica por descubrir”. Revista ECOECO

VV.AA.: Gran Enciclopedia Temática de la Comunidad Valenciana. Geografía. Editorial Prensa Valenciana. 2009.

Fotografía:

Martínez Lorenzo,  Juan Miguel (aérea)