Almansa, la Puerta de Levante

Almansa se encuentra geográficamente en uno de los 17 pasos naturales de la península ibérica que comunica la meseta con el litoral. Este hecho la convirtió en frontera de los reinos medievales de Castilla y Aragón, concediendo a la ciudad un carácter peculiar entre el interior castellano-manchego y el levante mediterráneo. Su imponente castillo fue testigo de una de las batallas más decisivas de la Guerra de Sucesión que cambió el rumbo de la historia de España. Además, fue la tierra que vio nacer al ilustre presidente blanco D. Santiago Bernabéu. Por si no fuera poco, su calzado y sus vinos se exportan a todo mundo bajo el sello de calidad almanseño.

  • Primera mañana

    Visita al casco antiguo

09:00 El corazón almanseño

La plaza de Santa María será el punto neurálgico y kilómetro cero de nuestra visita. Aquí encontramos los monumentos de mayor interés. Desde la emblemática fuente de los patos podemos admirar la Iglesia Arciprestal de Nuestra Señora de la Asunción del siglo XVI. El templo muestra una portada renacentista bajo un amplio arco, mientras que el interior es neoclásico con una única nave de estilo gótico. Su adscripción cronológica entre los siglos XVI-XIX es el resultado de diferentes estilos. A la derecha, encontramos el Palacio de los Condes de Cirat, actual ayuntamiento. Es una obra manierista de la segunda mitad del siglo XVI. La fachada es de dos cuerpos, con columnas fajadas y almohadilladas en alternancia con gran influencia de la arquitectura italiana. En su interior podemos encontrar un patio, de planta cuadrada y tres arcos por frente sostenidos por columnas jónicas en los dos pisos. Además, cuenta con un Museo al Aire Libre de Escultura Contemporánea de entrada libre, donde se exponen más de una docena de obras del reconocido almanseño Jose Luis Sánchez.

Plaza de Santa María. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz
Plaza de Santa María. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz

10:00 Callejeando por la zona histórica

Tras volver a la fuente de los patos, bordeamos la iglesia para adentrarnos en la calle Aragón, donde se hallan sobrias Casas Solariegas del siglo XVII. En una de estas casas se firmó la capitulación de la célebre Batalla de Almansa en 1707 entre el Duque de Orleáns y el Duque de Berwick. Unos metros más adelante está la Plaza de San Agustín, pequeña pero histórica plaza rodeada de bellos edificios. Así, se sitúa la Casa de la Cultura, antiguo pósito donde confluyen exposiciones de pintores locales y de foráneos, siendo de acceso libre. En la misma plaza, podemos ver la Iglesia de San Agustín, de planta de cruz latina, donde los brazos del crucero no sobresalen del exterior. Presenta una sola nave central con capillas laterales entre contrafuertes. Continuamos hacia la calle la Estrella, es el momento de disfrutar del panorama y de las callejuelas medievales del casco antiguo. De este modo, podemos hacer un pequeño descanso para tomar un té o comprar un recuerdo en las tiendas de la zona.

Iglesia de San Agustín. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz
Iglesia de San Agustín. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz

12:00 Entrada al Museo de la Batalla de Almansa

Tras callejear por la trama medieval (calles Moro, Luna o Castillo) llegamos al final de la calle la Estrella en las proximidades de la Plaza de Santa María. Aquí se levanta el Museo de la Batalla de Almansa y la Oficina de Turismo. En él, nos sumergimos en los prolegómenos de la famosa contienda por la Corona de España. La exposición muestra piezas únicas recuperadas del campo de batalla y documentos originales de la época como libros, periódicos ingleses, mapas o grabados. Además, el museo nos ofrece la opción de una visita guiada al campo de batalla en las inmediaciones de la ciudad.

13:00 Subida a la fortaleza

Tras adquirir las entradas en la Oficina de Turismo (consultar disponibilidad), es la hora de visitar el majestuoso castillo, que comenzó a construirse sobre una atalaya almohade en el siglo XIII. A las puertas de la oficina, encontramos unas escaleras que nos permitirán subir hacia el Cerro del Águila, promontorio escarpado donde se funde el castillo con la roca. Tras la subida, accedemos por la casa que está contigua a las puertas de la fortaleza. Esta casa esconde el Centro de Interpretación del Castillo de Almansa, novedoso centro que explica las diferentes construcciones del monumento. Tras él, es el momento de acceder al castillo, se recomienda una visita tranquila y pausada para admirar las vistas y los detalles de la fortaleza.  Para los que no sufren vértigo, existe una escalera de caracol que da acceso a la torre del homenaje, punto más alto de la población desde dónde poder hacer unas buenas fotografías.

Del 1 al 6 de mayo el castillo se convierte en uno de los principales protagonistas de las Fiestas Mayores de Almansa declaradas de Interés Turístico Nacional. Las calles y monumentos se engalanan para recibir a los desfiles de moros y cristianos y a los diferentes grupos del folclore tradicional.

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Vista de Almansa desde el Castillo. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz

14:30 Comida con estrellas

Llega la hora de comer, y un gran sitio es el Restaurante Maralba (Violeta Parra, 5) que a pesar de no encontrarse en pleno casco histórico, está situado a poco más de 5 minutos a pie. El restaurante es el único galardonado con dos Estrellas Michelin de toda la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha. Se denominan como una cocina manchega con balcones al mediterráneo, con carácter manchego y aire levantino.

  • Primera tarde

16:00 Paseo por el centro urbano

Tras la excelente comilona, necesitamos un paseo digestivo por el centro urbano. Volvemos sobre nuestros pasos hacia la fuente de los patos, y desde allí nos adentramos en la calle Virgen de Belén hacia la plaza de la Constitución. En ella encontramos la Torre del Reloj, se trata de una torre construida en 1780 de sección cuadrada, cuatro cuerpos separados por cornisas y rematada por una barandilla. Junto a ella también se sitúa la Lonja, su construcción data del año 1800, como se recoge en la clave del arco central, con planta rectangular y dos cuerpos: el primero de ellos dejando una lonja o zona porticada cuya finalidad era la de servir de zona de mercado, de ahí que el edificio sea conocido como La Lonja. Continuamos por la calle peatonal San Francisco hasta llegar al Teatro Regio, inaugurado en 1930. El teatro es de sólida construcción, está dividido en tres plantas, la baja destinada a vestíbulo, patio de butacas y servicios, en la segunda está el anfiteatro y palcos, por último, el la más alta se encuentra el gallinero. En la inauguración se estrenó “La dolorosa”, en este caso en calidad de auténtica primicia, ya que, si bien había sido estrenada en Valencia pocos meses antes, todavía no en Madrid. El teatro cuenta con una sala de exposiciones de pintura, por lo que es una buena opción si nos gusta el arte pictórico. Seguimos por la misma calle hasta el Convento de los Padres Franciscanos, construcción barroca de los siglos XVII y XVIII, con una sobria iglesia de planta rectangular con capiteles laterales; aneja a ella, al lado de la epístola hay una amplia capilla con exuberante decoración en barro. Enfrente del convento se encuentra el Jardín de los Reyes Católicos, un pulmón verde para descansar y reponer fuerzas, ya que alrededor del jardín se encuentran diferentes heladerías, bares y restaurantes con variedad de cocinas.

Jardín de los Reyes Católicos. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz
Jardín de los Reyes Católicos. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz

18:00 Imprescindible su calzado

Tras nuestro merecido descanso, es hora de conocer las tiendas del centro urbano. La población cuenta con un importante comercio local debido a su condición de capital comarcal y la lejanía de grandes ciudades. Asimismo, podemos encontrar tiendas de distinto tipo, desde establecimientos gourmet con productos típicos de la zona hasta tiendas de suvenires. Pero lo que el visitante no puede hacer sin marcharse de Almansa es la adquisición de un buen par de zapatos o botas de fabricación local.

La relación de la población con el calzado viene de lejos, concretamente desde finales del siglo XIX con la implantación de la fábrica de Calzados Coloma, un referente a nivel nacional. Tal es así que en 1913 Almansa se convirtió en el segundo productor de calzado de toda España tan solo superado por Barcelona.

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Mural artístico de Sendra Boots en Almansa

De este modo, podemos encontrar una serie de fábricas de prestigio internacional que han acondicionado sus instalaciones en outlets de venta al público. Entre ellas destacamos Sendra Boots (Plaza Santiago Bernabéu, 5) Pertini Shoes (Avenida de Madrid, 60) o Bunker (Velázquez, 9). Para más información podéis dirigiros a la web del calzado almanseño.

21:00 Cena de tradición

Tras una larga tarde de compras, un buen sitio para cenar es el Mesón Pincelín (Las Norias, 10) galardonado con un premio sol de la distinguida Guía Repsol. El local es uno de los imprescindibles de la cocina castellano manchega, tal es así que sus gazpachos manchegos están considerados de los mejores de la región. Otras buenas alternativas son el Mesón Castellano (Paseo de la Libertad, 10), El Rincón de Pedro (Valle Inclán, 6) o el Casa Antonio (Corredera, 106).

23:30 Barras y hoteles

Por la noche, la animación de la fiesta almanseña se traslada a la zona de la Corredera y calles aledañas. Un sitio que recomendamos es la Cabaña del Tío Rock (Corredera, 42) una mítica sala de conciertos con un gran sabor a Western. Otra sala de conciertos con buena música es el Código de Barras (calle Nueva).

Para la hora de dormir recomendamos el Hotel Blu (Av. Ayora, 35). Un moderno hotel de cuatro estrellas y estilo vanguardista. El hotel cuenta con un fantástico restaurante de cocina tradicional y una completa zona de Spa, ideal para descansar después de un largo día. Otra buena elección es el Hotel Encasa (Avda. Adolfo Suárez, 7) y el Hotel Los Rosales (Avda. Adolfo Suárez, 12).

Castillo de Almansa. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz
Castillo de Almansa. / Imagen cedida por Paulino Ruano Díaz
  • Segunda mañana

Un entorno privilegiado

10:00 El pantano de Almansa

A la mañana siguiente, comenzamos  la salida dirigiéndonos hacia el pantano de Almansa. Este se encuentra a muy pocos kilómetros de la ciudad. El pantano de Almansa es uno de los más antiguos de Europa en actividad. Sus orígenes datan de 1584 aunque probablemente sean anteriores. La presa tiene unos 20 metros de altura con una forma abovedada que sirvió de ejemplo para posteriores embalses como el de Elche, Elda o Tibi. En los últimos años, el embalse ha sufrido una puesta en valor en torno al proyecto Agua Viva. De este modo, podemos realizar diferentes actividades turísticas como rutas a pie o en bicicleta o, si lo prefieres, deportes acuáticos como kayak, paddle surf o tirolina. Además, dispone de un centro de actividades acuáticas, oficina de información, avistamiento de aves y demás espacios para conocer la naturaleza de primera mano.

Pantano de Almansa. / Imagen cedida por: Paulino Ruano Díaz
Pantano de Almansa. / Imagen cedida por: Paulino Ruano Díaz

14:00 Una venta tradicional

Tras una jornada de actividades al aire libre, es la hora de comer. A un par kilómetros se sitúa el Restaurante La Ventica (Autovía de Alicante, km. 140). El restaurante se encuentra ubicado en una antigua venta lo que le confiere una agradable atmosfera barroca. Recomendamos llamar para reservar, ya que siempre está a rebosar. En él se ofrece una comida tradicional manchega, siendo la mayoría de sus platos cocinados y realizados en la lumbre, lo que viene siendo en fuego de leña. Destacamos los gazpachos manchegos y la tradicional gachamiga acompañada de un rico pan tostado a la leña.

  • Segunda tarde

16:00 Visita al Santuario de Belén

Después de comer, la tarde será un buen momento para visitar el paraje del Santuario de Nuestra Señora de Belén. El paraje cuenta con un bosque galería alrededor de una acequia medieval junto a zonas verdes. En él se respira auténtica tranquilidad para poder relajarnos unos minutos.  Además, podemos visitar la ermita barroca, levantada en el siglo XVII, de planta rectangular, coro alto a los pies y magnifico retablo barroco dorado de principios del XVIII; es interesante el camarín construido en ese mismo siglo, con cúpula y vistosas pinturas murales y pavimento de buena azulejería valenciana. Las construcciones anejas son esencialmente de la misma época dieciochesca. Una de las más recientes construcciones son el velario y el empedrado de la plaza del santuario, a cuyo alrededor hay un pinar para el disfrute de los visitantes.

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Santuario de Nuestra Señora de Belén. / Imagen de: Cofrades Sevilla

18:00 Tierra de buenos caldos

La viticultura en los alrededores de Almansa se ha desarrollado sin interrupciones desde el siglo XVI. La tradición vitivinícola arraigada en esta tierra impulsó la creación en 1966 de la Denominación de Origen de Almansa. En los alrededores del paraje se encuentran diversas bodegas. Una de ellas son las Bodegas Santa Rosa, de la que destaca un palacete del S.XVIII de estilo colonial. Antiguamente, era el espacio reservado para la residencia de sus antiguos propietarios. Posee una llamativa fachada dividida en tres alturas con amplios ventanales y coronada por un frontón. La Denominación de Origen Almansa organiza previa reserva visitas guiadas para aprender el proceso de elaboración del vino, conocer cada bodega, su filosofía de empresa y catar algunos de sus ricos caldos.

21:00 Un último bocado

Para nuestro último bocado, podemos elegir entre el restaurante Cristal y Barro (Circunvalación, 18), el Casa Valencia (Área de servicio Almansa km. 320) con especialidad en arroces y carnes rojas entre otras o la Taberna Ramona (Corredera, 104) un sitio popular con un trato muy cordial.

El Cuartel de Caballería de Almansa

      En 1778, el Rey Carlos III concedió a la villa de Almansa el título de ciudad. En honor a tal nombramiento, la corporación municipal decidió erigir un cuartel de caballería para el ejército real. El edificio tenía unas grandes dimensiones, unas cien varas de longitud por cincuenta de latitud según cuentan las crónicas. En él, se podían alojar a más de ciento ochenta soldados montados, y desmontados más de trescientos. Además, contaba con oficinas de guardia para los secretarios de los oficiales, amplías cocinas para el sustento de la tropa, e incluso una cárcel tanto para prisioneros de guerra como para los motines que se producían en las filas de los reclutas por las penosas condiciones que sufrían los soldados en el ejército.

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      El gasto de la obra corrió a cargo de los vecinos del pueblo, desde el más infeliz hasta el hacendado más repuesto sin excepción de clases o personas según su posibilidad económica. Los más paupérrimos con su mano de obra en los días desocupados y en los festivos, y los segundos con sus carruajes y caballerías, sumados a los fortuitos donativos para aquellos que más lo necesitaban.

      Tras ocho largos años de construcción, donde el pueblo había pasado unos años de malas cosechas y epidemias, apareció una publicación de los Reales Decretos de Reforma de la Caballería y Repartimiento de Tropas en las Provincias en la que expresaba la dificultad de ocupar este cuartel de Caballería por parte de las tropas reales. La noticia cayó como un jarro de agua fría en la estrenada ciudad de Almansa, ya que el entusiasmo del pueblo se vio mermado por tal decisión.

      Tras conocerse la noticia, el ayuntamiento envió una misiva al Rey suplicando a S.M que se dignara a admitir la fábrica como una demostración de la fidelidad del Rey por la ciudad almanseña. No debemos olvidar, que su padre Felipe V fue vencedor en estas tierras en 1707, teniendo una especial atención ya que gracias a esta victoria el camino hacia el levante peninsular fue más sencillo para lograr el trono de España.

    facoloma  De esta manera, se le suplicó que la aceptara como Casa de Postas, Mesón o Fonda, pues servía para todo ello. De hecho, contaba con una excelente comunicación, junto al Camino Real de Valencia a la Corte y tal vez en el de Alicante, ya que la podría utilizar como hospedaje real.

      Tras tres meses de espera, una carta firmada por el Conde de Floridablanca hacía saber al ayuntamiento que el Rey había aceptado benignamente la oferta del edificio del cuartel, de cuya fábrica haría un uso público, según las providencias de Su Majestad.

      En los años sucesivos, la vida del cuartel tuvo una usanza de posada, repercutiendo en un beneficio económico para el pueblo. Pero en ocasiones se utilizó para la función que fue construido, es decir, como cuartel para tropas transeúntes del monarca.

      En 1857, el ayuntamiento arriendó a Don Sebastián de Cuenca Huerta el uso del cuartel como posada. La buena situación por carretera entre Madrid y Valencia, sumado al auge ferroviario que comenzaba a surgir en la ciudad, hicieron que la posada revalorizara su arrendamiento. Así, el precio del pago fue de 28.181 reales y 75 céntimos por una duración de tres años.

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      La sociedad almanseña comenzó a cambiar, la industrialización llegó a la ciudad debido al ferrocarril y al numeroso contingente de artesanos del calzado. Esta industria posibilitó la aparición de talleres en Almansa, siendo el más importante el de la familia Coloma. Así, tras la expansión de su negocio, los tres hermanos Aniceto, Ernesto y Herminio decidieron comprar el cuartel en 1899 a Eduardo Soldevilla para convertirla en una de las fábricas de calzado más grandes de Europa. La familia Coloma pronto comenzó a modernizar el viejo cuartel de Caballería, introduciendo tecnología muy avanzada importada de Estados Unidos. La fábrica experimentó un gran crecimiento debido a la neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial, copando los mercados europeos de la época. De igual modo, la empresa se benefició de la Guerra Civil Española fabricando las botas para el ejército de la República.

      La posguerra asestó una dura puñalada tanto a la sociedad de calzados Coloma como a la vida del antiguo cuartel. Las dificultades de abastecimientos de materias primas, sumado al bajo consumo de la población y la ideología republicana de algunos de sus miembros provocó el cierre de la empresa en 1954.

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      El edificio permaneció abandonado hasta que en la década de los setenta fue demolido. Aquel imponente cuartel, construido con el sudor del pueblo almanseño en honor del rey Carlos III se fue para siempre. Hoy en día, respecto a la función que hubiera tenido son todo hipótesis, pero no tenemos la mínima duda que por su majestuosidad se hubiera convertido en un icono para la ciudad, representando el poderío industrial que ha supuesto el calzado para nuestra población.

 

Bibliografía:

Gomez Cortés Jesus.; Almansa, “Notas históricas sobre su pasado”.

Gomez Cortés, Jesus.: “La fábrica de los Coloma”.

López Megías, Fernando. R.: “La Guerra de Sucesión” 2004

El Cantonalismo en Almansa

El siglo XIX español es una larga pugna entre los que querían mantener la tradición y los que lo querían modernizar. Los primeros eran los absolutistas y a los segundos se les llamó liberales. El Rey Fernando VII fue un Monarca Absoluto, pero su viuda Mª Cristina y su hija Isabel II se apoyaron en los liberales para hacer frente a los Carlistas, estos eran los que defendieron las ideas absolutistas tras la muerte de Fernando VII.

Mas adelante los liberales se escindieron en progresistas (reformas rápidas) y los moderados (reformas mas lentas), estos últimos estaban apoyados por la Reina, para indignación de los progresistas. Esto unido a diversos escándalos, corrupción y mal gobierno ocasionó un desprestigio de la monarquía, y en 1868 una conjunción de partidos progresistas, dirigidos por los Generales Serrano y Prim dieron un golpe de Estado contra el régimen. Fue una revolución hecha por la baja burguesía contra la alta burguesía.

Esto abrió un periodo llamado “sexenio democrático” (1868-1874), que va desde la caída de Isabel II, pasando por la monarquía de Amadeo I y la I Republica.

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El 11 de Febrero de proclamó la I República, pero nació con unas Cortes en las que no había una mayoría de republicanos. Las ideas republicanas tenían escaso apoyo social y contaban con la oposición de los grupos sociales e instituciones más poderosos del país. La alta burguesía y los terratenientes, los altos mandos del ejército, la jerarquía eclesiástica eran contrarios al nuevo régimen. Los escasos republicanos pertenecían a las clases medias urbanas, mientras las clases trabajadores optaron por dar su apoyo al incipiente movimiento obrero anarquista.  La debilidad del régimen republicano provocó una enorme inestabilidad política. Cuatro presidentes de la República se sucedieron en el breve lapso de un año: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.

Esta inestabilidad hizo que una minoría intransigente republicana se retirara de las Cortes, alentando desde ese mismo instante la formación de cantones en su deseo de llevar a cabo una república federal de abajo a arriba, ante la imposibilidad de hacerlo a la inversa, tarea que vieron facilitada o potenciada por la situación crítica que atravesaban las clases trabajadoras ante la bajada de los salarios y la subida de los precios, que había creado un clima de protesta y revuelta popular constante en distintos lugares.

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La primera insurrección cantonal estalló en Cartagena en 12 de julio de 1873, propagándose en los días sucesivos por localidades del levante y sur peninsular. En nuestra ciudad apareció el 19 de julio, motivada por el Batallón de Cazadores de Mendigorría. Estos militares iban por las poblaciones provocando sublevaciones contra la República. De esta manera, en Almansa, se producen altercados, agresiones armadas, detenciones de oficiales y tropas leales a la República, roturas de la vía férrea, roturas e interceptación de las líneas telegráficas. El Gobernador Civil de Albacete, D. Pedro J. Miguel, en el Boletín Oficial de la Provincia comunica a toda la provincia que la ciudad de Almansa se encuentra sublevada. Unos días después, el 5 de agosto de 1873, el Gobernador de la provincia manda un comunicado al alcalde almanseño Francisco Coloma, conocido por ser el fundador de la empresa calzados Coloma, en la que cesa a toda la Corporación municipal, ya que ésta era sabedora con anticipación de la sublevación del Batallón de Cazadores de Mendigorría que se hallaba en Almansa, y no dio cuenta oficial ni oficiosa hasta después de consumado el hecho; que un Teniente de Alcalde y dos concejales se marcharon con los sublevados, que a varios oficiales y soldados que no quisieron pronunciarse se les hostilizó y persiguió con un nutrido fuego por los voluntarios de la ciudad.

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Es decir, el Gobierno consideraba que las autoridades locales de Almansa habían participado o al menos tolerado los disturbios. La contestación de la Corporación almanseña no se hizo esperar, y escribió una réplica al Gobernador diciendo: que el Ayuntamiento no tuvo noticia hasta que el hecho se consumó, ignora que ningún concejal se marchara con los sublevados, porque antes de acordar la supresión no se ha oído a la parte acusada, y por último porque es incierto que los oficiales e individuos que no quisieran pronunciarse fueran perseguidos por los voluntarios con el nutrido fuego.

Esta réplica no sirvió de nada, por lo que el alcalde y los concejales fueron destituidos de su cargo, además de otros puestos como los secretarios, el depositario de los fondos municipales, cargos del hospital, etc.

El Cantón Almanseño desapareció a los dos o tres días de su estallido, fracasando por el poco apoyo popular que tuvo. El General Martínez Campos fue el encargado de pacificar las localidades que se habían unido al movimiento cantonal. Cuando entró en la ciudad de Almansa el día 11 de agosto nadie le opuso resistencia, es más, la nueva corporación ofreció respetos al excelentísimo General. Tras Almansa, marchó hacia Valencia y Cartagena para sofocar el Cantón Cartagenero. La I República terminó con el golpe de Estado de Pavía el 3 de enero de 1874, disolviendo las Cortes a punta de bayoneta e instaurando el reinando de Alfonso XII.

 

Bibliografía:

A.H.M.A. Archivo Histórico Municipal de Almansa.

BAHAMONDE, A.: Historia de España Siglo XIX, Madrid, Cátedra, 1994.

VILAVERT GUILLÉN, F. PIQUERAS, R. Almansa.: Imágenes de un pasado (1870-1936). Almansa, Institutos de Estudios Albacetenses, 1985.

 

Autor: José Ibáñez González

El Museo de la Batalla de Almansa

El día 27 de diciembre de 2013 se inauguró el nuevo edificio polivalente formado por la Oficina de Turismo, la Casa del Festero y el Museo de la Batalla de Almansa. El inmueble está ubicado en la Plaza de Santa María, junto a las escaleras del castillo, convirtiéndose en un nuevo servicio turístico y cultural. Un edificio demandado por parte de la sociedad almanseña, que gracias a los Fondos de Desarrollo Regional Europeo (FEDER) se ha convertido en realidad. El nuevo edificio destaca por su accesibilidad, modernidad y localización inmejorable,  pretendiendo ser referente cultural tanto para la población local como para los cientos de visitantes que cada año desean conocer esta ciudad del corredor levantino.

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En el artículo de hoy nos centraremos,  como no podía ser de otra manera, en el nuevo Museo de la Batalla de Almansa, situado en el sótano del edificio. El proyecto, liderado por la Asociación “Almansa Histórica 1707” junto con el Excmo. Ayuntamiento de Almansa,  ha permitido el traslado de la exposición permanente de la plaza de San Agustín a estas nuevas dependencias.

Tras acceder al edificio por la Oficina de Turismo, unas escaleras descendentes nos sumergen  a comienzos del siglo XVIII, donde el historiador almanseño Herminio Gómez  nos recibe para acercarnos a los prolegómenos del conflicto sucesorio de la corona española tras el fallecimiento de Carlos II. Una mirada a las vitrinas nos permite adentrarnos en plena Edad Moderna gracias a las piezas recuperadas del campo de batalla, destacando balas de mosquete, de cañón, bayonetas o documentos originales de la época: piezas únicas como libros, periódicos ingleses, mapas o grabados.

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Además, el museo cuenta con una espléndida variedad pictórica, desde acuarelas de la batalla  realizadas por el pintor Carlos Arques, pasando por infografías y cuadros de la Guerra de Sucesión hasta reproducciones de óleos del pintor barroco Antoine Watteau. Esta última exposición está ubicada en la sala de exposiciones temporales.

Por si todo esto no fuera poco, el museo cuenta con un aula de investigación equipada con equipos informativos y audiovisuales, acompañada de una amplísima biblioteca especializada en los diferentes temas relacionados con la Edad Moderna y la Guerra de Sucesión. Un lugar donde cualquier investigador y amante de esta ciencia puede acercarse a indagar y dar respuestas a todas sus inquietudes históricas.

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La inauguración oficial se produjo con los actos de conmemotación de 306 aniversario de dicha contiendas, concretamente el año pasado en 2013. El Museo  se puede visitar de martes a sábado de  10 a 14 h. y de 17 a 19 h., y el domingo 10 a 14h..

Gracias a este nuevo centro de interpretación, la ciudad ha dado un salto de gigante ya que amplía la oferta cultural y turística no solo para el visitante, sino también para los almanseños, permitiendo la difusión y enriquecimiento de una sociedad desconocida de su historia.  Además, facilita la conservación y donación de piezas únicas del patrimonio arqueológico almanseño para el disfrute de todos los visitantes.

Gracias a Herminio y la Asociación 1707 por la visita del Centro de Interpretación de Almansa.

Más información:

http://www.1707.es/museo-batalla-almansa/

La Fragata Almansa

     El 25 de Abril de 1707 ocurrió en tierras almanseñas un hecho de sobra conocido, me refiero, como no podía ser otro hecho, a la Batalla de Almansa. Este enfrentamiento tuvo repercusiones muy importantes para la historia de España, que no entraré a detallar ya que no es el momento de ello. Si bien, tuvo una serie de evocaciones menos conocidas como, por ejemplo, el artículo de hoy, la fragata Almansa.

La Fragata Almansa
La Fragata Almansa

      La Fragata de hélice Almansa, llamada así en honor a la Batalla de Almansa, fue un buque de guerra con casco de madera y propulsión a vapor. Se construyó en los Reales Astilleros de Esteiro, Ferrol, en 1864, con una eslora de 85 metros, un peso de 3900 toneladas y una potencia de 600 caballos que lo propulsaba a una velocidad de 12 nudos. Tenía un armamento poderoso: 30 cañones lisos de 200 mm, 14 cañones rayados de 160 mm, dos obuses de 150 mm, dos cañones de 120 mm y dos cañones de 80 mm para desembarcos. Asimismo, contaba con una tripulación que rondaba los 600 hombres.

     El buque participó en destacados hechos históricos. A los dos años de su botadura, el 2 de mayo de 1866, entró en combate en la famosa Batalla del Callao, al mando de Victoriano Sánchez Barcáiztegui. En ella recibió 72 proyectiles, uno de ellos explotó en la batería de la nave, donde se alojaba la pólvora, lo que provocó la muerte de 13 tripulantes. El Comandante Victoriano Sánchez, tras recibir varios avisos de la tripulación para anegar el pañol, contestó con la famosa frase que, posteriormente, pasó a la historia: “Hoy no es día de mojar la pólvora”. Tras lo cual, mientras el buque seguía disparando sus cañones, Victoriano mandó izar la señal de “fuego a bordo” y alejarse de la cercana nave Numancia, para evitar que le afectara la posible explosión de su barco. Se alejó de la línea de fuego y, a continuación, ordenó a toda la dotación que trabajase en extinguir el incendio sin mojar la pólvora. Tras conseguir su objetivo, el buque volvió a su posición original, reanudando el cañoneo sobre el fuerte Santa Rosa, la flota peruana y la población. Después de la batalla, el navío se reparó en la isla San Lorenzo junto a otras fragatas, como la Villa de Madrid, Resolución y la Blanca, regresando a la península a finales de 1868.

Cubierta de la Almansa
Cubierta de la Almansa

     Otro hecho destacado en la historia de la fragata Almansa fue el motín en los prolegómenos del Cantón Cartagenero el 27 de mayo de 1873. Tras el alzamiento de la I  República, los republicanos intransigentes motivados por instaurar un federalismo desde las clases populares, avivados por una crisis social y política promulgaron el movimiento cantonalista.

     La fragata Almansa fue una de las primeras en cambiar la bandera republicana por la roja cantonal. El buque se conocía por tener una tradición indisciplinada ya que el frecuente malestar de la tripulación por la falta de pagos, las condiciones del navío y los castigos violentos que se imponían era de sobra sabido. El 27 de mayo se produjeron dos motines en el buque. El primero se controló gracias al oficial de guardia Joaquín Fuster. A pesar de esto, una hora más tarde se reprodujo una nueva alteración con mayor virulencia debido a que la tripulación se armó con fusiles, hachas, cuchillos y sables, dando gritos desaforados de: “a ellos, traición, nos han vendido, abajo los galones y las estrellas, viva la República Federal”. Ante el tumulto, los oficiales subieron a cubierta y se apoyaron en las tropas leales del Almansa. Las razones para la insubordinación se debían a la desconfianza de sus superiores, pero el oficial Fuster, después de varios forcejeos, pudo controlar la situación tras tomar la palabra y declarar vítores a la República. Al día siguiente, el Capitán General dio parte al Ministro de los sucesos ocurridos y, motivados por la indisciplina y la alta tensión de la tripulación de la fragata, los oficiales, uno por uno, dimitieron de sus cargos alegando enfermedad, quedando a su suerte los meses posteriores.

Revplución Cantonal de Cartagena
Revolución Cantonal de Cartagena

      En el mes de mayo de 1873, después del movimiento cantonal en el ayuntamiento de Cartagena, la fragata Almansa se unió a los cantonalistas. Marcharon hacia Almería para intentar la adhesión a la causa cantonalista, pero ante la negativa de la ciudad andaluza, la Almansa junto a la Vitoria bombardeó la ciudad a finales de julio. Tras esto, marcharon hacia Málaga siendo apresada por las fragatas acorazadas HMS Swiftsure y SMS Friedrich Carl, inglesa y alemana respectivamente, para ser devueltas tras varias negociaciones al gobierno republicano.

     Entre los años 1880 y 1886, los destinos de la Almansa pasaron por diferentes vaivenes. A primeros de 1881 se integró en la escuadra de instrucción, escoltado a los reyes en su visita a las rías gallegas a bordo de la fragata acoraza Sagunto. Meses después, participó en el acto de la puesta de quilla del crucero Reina Cristina en la ciudad de Ferrol. En 1885 se integró en la misma escuadra de instrucción en la que se encontraba la Gerona, su buque gemelo, con la que estuvo a punto de partir hacia las Carolinas.
En 1886, pasó también a ser buque escuela, primero de guardiamarinas y después de marinería.

     A finales del siglo XIX, la fragata era un viejo navío con más de treinta años a sus espaldas. Su capacidad operativa era escasa, apenas se mantenía a flote, por lo que su uso se redujo al simple pontón.  Así, en 1894, la Almansa pasó a ser depósito de marinería en Ferrol durante cinco años, dándose de baja en la Armada pasado este tiempo.

     La fragata Almansa fue un buque longevo, utilizándose para infinidad de tareas en nuestra Armada, cerrando una época conocida como la de “las fragatas de hélice”, con aparejo de vela y casco de madera. Desapareció a mediados del siglo XX como la mayoría de su tipo y época, ya que fueron sustituidas por los nuevos barcos, más potentes, con más autonomía y cascos metálicos más resistentes ante los modernos sistemas de artillería.

Mayor proel "Almansa".
Mayor proel “Almansa”.

Ya no se volvieron a construir más barcos como el Almansa, pero su legado sigue vivo, ya que el segundo mástil (mayor proel) del actual buque escuela de la Armada Española, el  Juan Sebastián Elcano, lleva en su honor el nombre de Almansa.

Bibliografía:

EGEA BRUNO, P.M.: Los prolegómenos del Cantón en Cartagena: el motín de la fragata “Almansa”. Anales de historia contemporánea. Volumen 10, 1994.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, M.: 50 Barcos españoles. Ed. Fundación Alvargonzález, 2009.